domingo, 30 de noviembre de 2014

LA BOLSA DE GARBANZOS


Déjenme que les diga una cosa, alimentarnos en salud no necesariamente quiere decir que debamos hacer un gran desembolso económico, ni mucho menos, de hecho desde esta página abogamos por fomentar un consumo responsable, con austeridad llegado el caso pero, con calidad nutricional dando valor a nuestra mesa. Será sin duda una buena forma de fomentar en nuestros hijos unos valores de responsabilidad social, humanidad y de solidaridad con las poblaciones que no pueden satisfacer sus necesidades vitales básicas, las que a nosotros nos resulta impensable prescindir en nuestros países "desarrollados".

Los recursos del Único Mundo están mal repartidos, a nadie se le escapa que no se gestionan adecuadamente en la mayoría de los casos, o cuando menos requieren de una mejora, y por qué no empezar en nuestra cocina y los productos que llevamos a  la mesa.

Los productos agroalimentarios como el arroz, trigo, maíz y soja ya cotizan en bolsa, así, en la Bolsa de Chicago se deciden los precios de estos y otros alimentos, y también de manera inherente la inflación. El dinero no entiende de sentimientos, capitalismo puro y duro. Pero en definitiva oferta y demanda, y llegados a este punto los consumidores podemos tomar parte activa. Más allá de mercados bursátiles, no hay mejor bolsa que la Bolsa de Garbanzos. 

Rezaba un gran cartel en un restaurante en Galicia, de lo que hay tenemos de todo, se referían a que no disponían de carta ni nada parecido, dicha posada no se caracterizaba precisamente por una amplia variedad gastronómica aunque las viandas allí cocinadas resultaban realmente exquisitas.

Acordándome de ello y como de otra receta nos ha sobrado un poco de carne, realmente tenemos todo lo necesario para, con un poco de maña y un puñado de garbanzos, preparar una sabrosa ropa vieja, ideal para dar una segunda oportunidad a platos del día anterior además de comer con mayor criterio y conciencia social, eso si que es arte culinario.

La gastronomía tiene muchas vertientes, y podemos aprovecharlas en la medida de nuestras posibilidades, ayudando además a la economía familiar.

Evitamos de esta manera el consumo de suministros caros, altamente pre-cocinados o muy envasados, ya que esto aumenta el consumo de recursos para su elaboración -energía, agua, materias primas- generando de esta manera menor cantidad de residuos, aguas residuales y emisiones. A menor consumo en el hogar, menor impacto en el entorno natural.
                               

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